Galería Acacia en PArC Perú 2018

El proyecto nace de una premisa que permanentemente se activa en la actualidad: la idea de explorar el pasado desde la invención y la experiencia para interpretar la realidad. Un delicado concilio de fragmentos yuxtapuestos del mundo real se conecta a través de un esquema de ficción. Pasado, presente y futuro extienden sus límites para trabajar con la memoria en las obras de Frank Mujica y Lisandra Ramírez. En cada uno el resultado tiene su génesis desde materiales y lenguajes formales diferentes.

Mujica ha desarrollado la serie DIARIO desde el 2011, que registra momentos de la vida del artista. Estos dibujos son apuntes, observaciones que se entretejen y cristalizan el espíritu de determinadas experiencias en diminutos paisajes. La pequeña escala tanto como su técnica detallada, potencian la idea de introspección y propician un ambiente íntimo y de complicidad con el espectador. Toda la producción paralela realizada en los últimos años ha estado muy influenciada por DIARIO, que lo ha conducido a un pro-ceso antropológico, a través del cual el artista revisa constantemente el pasado para crear obras nuevas.
De DIARIO surgen paisajes misteriosos y surreales, en lo que encontramos particulares referencias a la Historia del Arte. Para Mujica el paisaje no es sólo el entorno que nos rodea, sino un constructo cultural que guía nuestra mirada e interpretación sobre la realidad. Así, integra en una pieza el paisaje del Bosque de La Habana con la Selva Negra de Alemania, donde lo familiar y extraño se encuentran. Especial relevancia adquiere el proceso de creación, donde cada una de las etapas logra tener autonomía como obra terminada en sí misma, ya sea desde el boceto hasta la pintura de exquisitez hiperrealista.
Lisandra Ramírez explora la materia como metáfora. Semejante interés le ha llevado a desandar el terreno fracturado del collage tridimensional. El llamado a la memoria llega en «enuciados», «acontecimientos inusuales» o en la «experiencia desnuda», como diría
Foucault. La lógica irracional, pero cuidadosamente armada, construye sus montajes en 3D para sacar a la luz inquietudes personales que, de igual modo, resultan estados compartidos de incertidumbre colectiva: crisis de la identidad, sentimientos de vacío, soledades.
En la medida en que la obra se dirige hacia un camino de sensaciones perceptivas e imágenes de glamour intimista, Lisandra apela a la complicidad en que convive el objeto antiguo, coleccionable y de procedencia anónima con la frialdad del objeto seriado, industrial y de hechura high tech. El empaque sofisticado de la selección de elementos y el modo de construir escenarios, relacionan una obra con la otra dentro de una visualidad mediática. Maneras de hacer que parecen no dejar espacio a sentimientos de nostalgia y que solo abren camino a la ligereza de lo inmediato. Así, bajo la apariencia clean se manifiesta la voluntad por recalcar en las experiencias comunes y en la conservación de tradiciones culturales (como La hora del té o el tomar café); mientras que, cuando construye maletas –sintetizadas en cajuelas de acrílico-, el alcance simbólico de la obra se extiende hacia otros tópicos universales como el viaje y la emigración.